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La candidatura de Murat no es de su padre

Escrito por  Francisco Bustillos Publicado en En Corto Sábado, 30 Enero 2016 16:15
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Alejandro ya es el candidato y no hay retorno. Por fortuna sabe que su padre intentará, al menos, mantenerse lejos, tanto como pueda vencerse a sí mismo, para no causarle daño

Alejandro Murat

 

Conociendo a Pepe Murat resulta difícil creer a Alejandro, su hijo, candidato del PRI a gobernar Oaxaca, que su padre no intentará entrometerse en el gobierno de Oaxaca si gana las elecciones; si no lo hiciera dejaría de ser él.

Por lo demás, peca de optimismo suponiendo que no lo perjudicarán sus enemistades, en especial la de Ulises Ruiz.

 

Pero así es esto, uno carga con los fantasmas familiares, se quiera o no.

José Murat es un  político tan brillante como controvertido; jamás está quieto, no tiene forma de parar.

Sólo para no ser exhaustivos, ese hiperactivismo le llevó a labrarse una gran carrera política (a pocos meses de derrotar en el Tribunal Electoral a Beatriz Paredes que pretendía expulsarlo del PRI, construyó los cimientos de lo que se transformó en Pacto por México), pero también le ha granjeado enemigos poderosos y, consecuentemente, desprestigio.

Sin duda, aún si se alejara del país será una carga que Alejandro deberá soportar y superar.

Pepe es su padre, pero contra lo que se diga y seguramente le restregarán a diario, no construyó la carrera política de su hijo.

Además, como cuenta una de las voces fundamentales que decidieron su candidatura, es más parecido a Lupita, su inolvidable madre, que a su padre. Tan es así que hasta éste lo reconoce y presume.

Vaya, no fue por José que Alejandro conoció a Enrique Peña Nieto; ni la dirección del Infonavit fue pago por el “Pacto de Arrayanes 99”, como  se llamó originalmente al Pacto por México debido al domicilio en donde se reunían izquierdas y derechas a platicar con priístas convocados por el ex gobernador oaxaqueño.

Si de pago se hubiese tratado, José habría buscado encabezar la Confederación Nacional de Organizaciones Populares (CNOP), pero César Camacho, a la sazón líder nacional del PRI, tenía otros planes.

Además, Alejandro no necesitaba que le hicieran favores. Los caminos de Peña Nieto y el hijo de José Murat se cruzaron en Nueva York cuando el entonces gobernador del Estado de México, acompañado de su secretario de Finanzas, Luis Videgaray, se reunió con el Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz, quien a su vez se hizo acompañar por su colaborador mexicano, Alejandro. A partir de entonces su destino estaba sellado.

Con esta cercanía y el apoyo del secretario de Hacienda, una de las influencias más poderosas ante el Presidente, es apenas normal que Murat sea el candidato del PRI. Por si hiciera falta, es insuperable la opinión que Manlio Fabio Beltrones tiene de él.

Los problemas de Alejandro son otros: primero ganar elecciones; después, luchar contra los poderes fácticos de Oaxaca, desde luego sus caciques políticos, Ulises y Diódoro Carrasco, para no agotar la nomeklatura priísta, pero además la Sección 22 del magisterio que no se resigna a perder el botín que le arrebataron Emilio Chuayffet y Aurelio Nuño.

Hacer campaña, ganar las elecciones y gobernar no será un paseo por las nubes para un joven político no acostumbrado a estas bregas por más méritos académicos que posea y por mucho que haya observado de cerca a su padre durante décadas.

Además, no debe creer que los firmantes del pacto de unidad cumplirán su palabra.

Oaxaca es una de las entidades más conflictivas y, como Guerrero, resulta un tanto difícil de entender que alguien quiera gobernarla.

Pero Alejandro ya es el candidato y no hay retorno.

Por fortuna sabe que su padre intentará, al menos, mantenerse lejos, tanto como pueda vencerse a sí mismo, para no causarle daño.

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