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Investiga fiscalía si recortes a ONG inciden en el fuego de la Amazonia

Destacado Investiga fiscalía si recortes a ONG inciden en el fuego de la Amazonia

Río de Janeiro. El Ministerio Público brasileño investiga si una menor fiscalización ambiental y el retiro de apoyo a organizaciones ambientales por el gobierno del presidente Jair Bolsonaro favorecieron la propagación de incendios en vastas regiones de la Amazonia.

El mandatario neofascista dijo ayer que su gobierno no tiene recursos para combatir los incendios, y aclaró que no acusó a las ONG de haberlos provocado. Pero después, muy molesto por las repercusiones negativas en el exterior tras haber deslizado la presunta culpabilidad de esas organizaciones, Bolsonaro atacó a la prensa y la acusó de dañar la imagen de Brasil; sin embargo, volvió a insinuar, sin pruebas, que las agrupaciones ambientalistas podrían estar provocando el fuego en la región para desestabilizar a su gobierno.

Documentos filtrados por la organización OpenDemocracy revelan que Bolsonaro buscaba sabotear los esfuerzos de conservación de la Amazonia al impulsar la construcción de puentes, carreteras y plantas hidroeléctricas en zonas protegidas, en oposición no sólo de los pueblos originarios que habitan en la región, sino de la comunidad internacional.

Los documentos filtrados revelaron los planes del gobierno de quitar la calidad de protegidas a zonas de la Amazonia e incluyen presentaciones detalladas en Power Point.

En tanto, procuradores de la fiscalía general conducen investigaciones en el estado de Pará –región amazónica donde los incendios crecieron este año 198 por ciento en relación con 2018–, para saber si el recorte de presupuesto a grupos ambientalistas ha influido en que haya tantos siniestros.

El combate a la deforestación y los incendios no es facultad del poder público. ¡Es un deber!, señaló el procurador federal Camões Boaventura en un comunicado.

Poco antes, Amnistía Internacional aseguró que los errores del gobierno de Bolsonaro son responsables del fuerte aumento de los incendios forestales en la Amazonia.

El Instituto Nacional para la Investigación Espacial, la agencia federal que vigila la deforestación y los incendios forestales, informó que este año ha habido una cantidad récord de incendios en Brasil: 74 mil 155 hasta el martes. Eso equivale a un incremento de 84 por ciento en comparación con el mismo periodo del año pasado.

En medio de la crisis climática mundial no podemos permitirnos más daño a una gran fuente de oxígeno y biodiversidad. La Amazonia debe ser protegida, tuiteó el secretario general de la Organización de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, quien se declaró muy preocupado por la situación.

Sobre las acciones de gobierno, Bolsonaro expresó: el Amazonas es más grande que Europa. ¿Cómo combatir los incendios criminales en una zona así? No tenemos los recursos para eso.

Más tarde, el presidente acusó a la prensa de dañar la imagen de Brasil. Es increíble; no buscan la verdad. Quien no lee un diario no está informado y quien lo hace está desinformado, criticó.

Al ser consultado por una periodista sobre quién es responsable de los incendios en la Amazonia, Bolsonaro repitió sus acusaciones contra las ONG.

¿Quieren que culpe a los indios? ¿Quieren que culpe a los marcianos? A mi entender, hay un indicio fuertísimo de que esas personas de las ONG perdieron la teta (recursos del Estado). Es simple.

El presidente deslizó por segundo día consecutivo la posibilidad de que el fuego intencional podría ser una represalia de las organizaciones por haber perdido fondos públicos durante su administración.

Bolsonaro, escéptico del calentamiento global, ha sido cuestionado en el mundo por el curso de la política ambiental, que para muchos ha quedado subordinada al agronegocio y la explotación minera.

Los gobiernos de Noruega y Alemania decidieron, a su vez, suspender su participación en el Fondo Amazonia y el consecuente giro de más de 60 millones de dólares destinados a proyectos para combatir la devastación del área conocida como el pulmón del planeta, pues, dijeron, el gobierno de Brasil no está comprometido con la conservación de la región.

Por su parte, el presidente francés, Emmanuel Macron, publicó en Twitter: Nuestra casa está en llamas. Literalmente. La selva amazónica, los pulmones que producen 20 por ciento del oxígeno de nuestro planeta. Está en llamas. Es una crisis internacional. Miembros de la Cumbre del G-7, ¡discutamos este primer pedido de emergencia en dos días!

La sugerencia del presidente francés de que asuntos amazónicos sean discutidos en el G-7 sin participación de los países de la región evoca una mentalidad colonialista fuera de lugar en el siglo XXI, respondió Bolsonaro en un tuit.

Mientras, el gobierno venezolano manifestó preocupación por los incendios y ofreció ayuda para mitigar la tragedia. En un comunicado, Caracas indicó que según grupos de defensa del ambiente, el incremento de los incendios es atribuido a una “agresiva política de deforestación de intereses vinculados al ‘agronegocio’”.

La emergencia en la Amazonia de Brasil está fuera de control, alertó la líder ecologista y ex candidata presidencial Marina Silva, quien no dudó en acusar al gobierno de Bolsonaro de haber propiciado una acción desenfrenada en un ecosistema vital para el mundo.

El gobierno de Perú está tomando medidas para evitar que las ciudades fronterizas con Brasil se vean afectadas por el humo producido por los incendios forestales, informó ayer el Ministerio del Ambiente.

Los obispos católicos latinoamericanos lamentaron los incendios que destruyen la Amazonia brasileña y pidieron adoptar serias medidas para salvar esa región, según un comunicado difundido en Lima.

Bolivia acordó la coordinación de trabajos con Paraguay para mitigar los incendios forestales en la frontera común, los cuales han consumido más de medio millón de hectáreas en territorio boliviano. Chile y Venezuela ofrecieron ayuda a Brasil para controlar los incendios, y no pocos artistas y celebridades deploraron la destrucción de vastas regiones de la Amazonia.

La selva amazónica sufrió la deforestación de 2 mil 254 kilómetros cuadrados en julio, casi el cuádruple del mismo mes en 2018 no sólo en Brasil, sino también en Bolivia, Perú y Paraguay.

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