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La vaca de veintidós patas.

Escrito por  Danyboy Publicado en Chamaqueando Martes, 27 Junio 2017 13:38
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Un aire fresco se respiraba en aquella caminata, con el verde de la naturaleza de fondo, parecíamos una familia sacada de un cuento de los hermanos Grimm pero no, estábamos adentrándonos a una terracería en algún pueblo al sureste del estado,  caminando a paso lento apreciamos a una yegua amamantar a su mulito, -vaya- pensé, -sí que es difícil para las yeguas ocultar su infidelidad a los caballos-, pero en fin, -lo bailado con el burro nadie se lo quita- susurré volteando la mirada hacia otro punto.

Me adelanté hacia donde había una vaca solitaria, una vaca vaca, mis miedos de infancia revivieron, pero esta vaca se veía mansa e  inofensiva pero cuando avanzó hacia mí, decidí poner un árbol de por medio, para eso me gustabas Danyboy.

Seguimos el camino, mi hijo estaba maravillado con la naturaleza, tomaba fotografías como si fueran las pistas para poder volver a casa, como si fueran las cáscaras de naranja o las migajas de pan que riegan en los cuentos, memoria le faltaba a su dispositivo para captar cada momento en ese paraíso verde, cuando de pronto, a la vuelta del camino, ahí estaba escondida la vaca enorme de veintidós patas, dos rancheros la ordeñaban y otros dos cuidaban la escena, tenían la vestimenta del ratón vaquero, de sombrero y con pistolas.

-Guarda la tableta y no más fotografías- tuve que ordenar autoritario, la cara de mi hijo se desencajó porque me puse serio y no le di explicaciones, no hubo tiempo para darlas, tampoco pudimos detenernos en seco ni retroceder, por suerte los vi primero, no me paralicé como cuando era niño y aquel coyote me vio primero, esta vez cuando me vieron yo ya tenía cubierto a mi hijo con mi propio cuerpo, de rabo de ojo alcancé a ver el movimiento de los ratones vaqueros cuando llevaron las armas a sus manos, seguimos avanzando, señalé hacia los cerros para distraer la atención de mi hijo, pasamos como ignorando la escena, unos becerros de cuatro cilindros mamaban directamente de esa vaca de veintidós patas, al resto de la familia que caminaba más lento y venían unos cien metros atrás, a ellos si los pararon para decirles lo que yo había intuido, que no tomáramos fotografías.

Más adelante nos reunimos, pasamos junto a una manada de vacas y becerros que estaban echados a medio camino, aquella idea de que las hembras aumentan su fiereza cuando tienen a sus crías me hizo sentir que las vacas en cualquier momento se nos vendrían encima pero no, permanecieron inmóviles; más adelante, encontramos lo que buscábamos, los huertos de limones, el famoso limón persa.

Ahí nos explicaron los tiempos de cosecha, los costos,  los precios y las rutas de los trailers que comercializan y se llevan las cosechas, y yo que iba dispuesto a regatear porque según compraría mayoreo, hasta dos costales de limón, ahí  ´casi casi´ me los regalaron.

Me sorprendió ver un poste de luz cuyo cableado se internaba al monte, me dijeron que era una línea particular de un rancho que se encuentra más al fondo, ahí mismo me enteré que al pie de ese poste un toro murió electrocutado, que en una tormenta el cableado se vino abajo sorprendiendo al animal y lo mató al instante, lo recuerdan, dicen, porque la CFE –ya ven cómo son de rápidos- llegó quince días después,  cuando el suelo del área a la redonda aún estaba electrificado.

Llegó la hora de regresar a la carretera, no sabía si tenía más miedo de volver a pasar con mi hijo entre las vacas y sus becerros o de volver a mirar a los ratones vaqueros que estaban ordeñando a la vaca de veintidós patas, todos sabemos a qué ordeña me refiero.

De vuelta a la ciudad, en casa, en esa última plática antes de conciliar el sueño, platiqué de lo tenso y nervioso que me había puesto ese episodio, coincidieron conmigo, confesaron haber sentido lo mismo.

Por hoy es todo mis chamacones, les comparto este relato redactado de manera infantil para registrar y plasmar en papel lo que está sucediendo en muchos pueblos y que de alguna manera, comunidades enteras incluyendo a los niños se han vuelto mudos testigos y a veces hasta cómplices de estos delitos, el fenómeno es grande y solo la historia nos dirá quién acaba primero con la industria petrolera del México, si los que ordeñan, los altos funcionarios corruptos o el abandono en el que tienen las instalaciones petroleras de nuestro país.

Por lo pronto, en Salina Cruz hay fugas por todos lados, un día sí y el otro también, mejor nos leemos en la próxima edición.

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