Está aquí: InicioOpinionChamaqueandoSan Antonio Texas, la historia se repite.

San Antonio Texas, la historia se repite.

Escrito por  Danyboy Publicado en Chamaqueando Martes, 25 Julio 2017 09:18
Valora este artículo
(0 votos)

30 indocumentados, 1 tractocamión, 38,3 grados Centígrados, 10 muertos, 2 en edad escolar, 2 guatemaltecos, varios mexicanos.

 

-Come hijo, te hará falta en el camino- me dijo la esposa de Don Roque, así se llamaba el ‘pollero’, un señor gordo que contacté en Cholula, Puebla. El plato repleto de mole poblano me dejó más que satisfecho, mientras Don Roque se curaba la cruda pegándole tragos directos a la botella de licor y a la del agua mineral, al terminar la merienda, me acomedí -verbo que me enseñó la abuela- a sacar los montones de  basura que generó la fiesta que habían tenido.

-Mañana salimos a las 5:00am, nos dijeron, cuando llegó el amigo Goyo que esperábamos de Tampico, dicho y hecho, una camioneta Cherokee nos llevó al aeropuerto, al regordete pollero no le interesaba si queríamos ahorrar en cuestiones de pasaje, nos envió en una avioneta de Puebla a la Ciudad de México, hoy CDMX, ahí transbordaríamos al avión hacia Hermosillo, Sonora.

Salimos de México a las 2:00 pm y llegamos a Hermosillo a las 2:00pm, cosa más loca, golpeé mi reloj para descartar que se hubiera descompuesto, hasta que alguien me explicó la diferencia del horario Central con el del Pacífico, debes salir más seguido Danielito, pensé.

De Hermosillo tomamos una camioneta tipo Suburvan hacia Nogales, a medio camino nos detuvieron los federales, al primero que interrogaron dijo que iba a buscar trabajo a esa ciudad, el policía lo cuestionó más duro y volvió a decir que iba por trabajo a Nogales, enojado el policía lo paró a su izquierda; el siguiente paisano interrogado, dijo que la verdad iba con intenciones de cruzar para llegar al otro lado, la cara del policía se ablandó y lo paró a su derecha, el resto, dijimos lo mismo y el policía nos dijo que nos cuidáramos, que hasta ahí todavía gozábamos de las garantías como ciudadanos mexicanos, pero más adelante, estaríamos a la deriva. – Y tú, a dónde  vas?- le  volvió a preguntar al que supuestamente iba por trabajo a Nogales.  -No, pues vengo con  ellos -, dijo con los ojos llorosos. -Órale pues- le reviró el agente.

 

Eran las 5:00pm cuando llegamos a comer a una fondita en Nogales, al pagar, por sugerencia del ‘coyote’, ahí dejamos todo nuestro dinero porque de ahí en adelante, nuestros pesos mexicanos ya no nos servirían de nada, en cambio, si por mala suerte nos detuviera la ‘migra’ y nos regresaran a la línea, con ese dinero tendríamos un fondo para comer en ese lugar, según.

Eran las 7:00pm cuando abordamos  un microbús que nos llevaría hacia la línea, a medio camino en una subida, nos tuvimos que bajar todos, para que la chatarra lograra encumbrar -ah, me dije, Salina Cruz no es el único con este problema- bueno, al llegar  a una cima, desde ahí pudimos ver el terreno árido que tendríamos qué cruzar, nos dieron litro y medio de agua a cada quien y empezamos la caminata, por momentos nos pedían trotar y por ratos correr, algunos, a los veinte minutos aventaron sus botes de agua, mi amigo tampiqueño y otros ocho paisanos los levantábamos, éramos el grupo de Don Roque, el pollero que había pagado el viaje, sin embargo, los chavos coyotes sumaron a otros al grupo para ganarse un extra, supusimos.

Entre los colados iba una señora con sus dos hijos, de 6 y de 4 años aproximadamente, nos la puso difícil, por momentos teníamos que ayudarle con los chamacos, no nos causaba gracia porque no eran parte del grupo pero ya estando en el mismo camino, te solidarizas con los paisanos, otra chava que iba de colada, no aguantó más y como a la hora se desmayó, se quedó atrás con uno de los  ‘coyotes’ y quién sabe que le dieron, al rato nos rebasó a todos.

Al dar la vuelta en un cerro, nos salió una banda de asaltantes, nos pidieron entregar todo lo de valor, nos revisaron bolsillos, zapatos y a las mujeres, hasta les deshicieron las trenzas en busca de efectivo, muchos ya no llevábamos nada por haber dejado todo en el comedor, pero a quienes les encontraban algo los revisaban más y más, ahí me perdí en el tiempo porque entregué mi reloj, aunque recordándolo bien nunca me lo pidieron -quizá por su poco valor- de todos modos se los di, para evitar cualquier confrontación con los malandros que olían a puro petate quemado.

Siguiendo nuestro camino, la gente empezó a pedir agua, solo quedaban mi bote y el de mi amigo Goyo, - denle agua a los demás, no sean malos- nos dijo el coyote. Inmediatamente nos opusimos, jadeando y sudando a medio desierto, no lo vimos justo porque nosotros cargamos y racionamos en todo el camino nuestra agua para sobrevivir como para que, al último, tuviéramos que dárselos a los flojos que empezando la caminata tiraron sus botes por no cargar, finalmente cedimos, el coyote nos aseguró que ya solo nos faltaba media hora de camino. No lo puedo olvidar, compartimos el agua pero sin soltar nuestros botes, dos traguitos y ya, para que alcanzara para todos, me sentí miserable pero al mismo tiempo me acordaba de mi madre, no podía darme el lujo de quedarme ahí tirado, aproveché para tomarme un Naproxeno de dos que me había echado en la mochila, el otro se lo di a mi amigo de viaje, sentimos un alivio en los músculos de las piernas, listos para seguir, pues qué creen, los demás también querían que les diera Naproxenos, ay no manchen, pensé, de haber sabido me hubiera llevado toda la caja, caray.

 

Finalmente llegamos a las orillas de un poblado fronterizo ya del otro lado, ahí nos pasarían a recoger, tras una hora de espera apareció una Astro Van, en ese lugar, ya cansados, sedientos y hambrientos, hicimos valer el peso de nuestro ‘pollero’, Don Roque, éramos quienes estábamos pagando el viaje y éramos a quienes tenían que subir primero, de lo contrario nos quejaríamos al llegar a Nueva York, nos hicieron caso, encimados como sardinas pero entramos, esa camioneta nos llevaría a Tucson, Arizona, de vuelta a la civilización, solo rogábamos no ser detenidos por la migra, de lo contrario, todo el trayecto habría sido en vano.

 

La Astro hizo una parada, según alguien que se atrevió a alzar la cabeza, era algo como un Burger King, nuestras tripas se alborotaron, nos trajeron una caja de hamburguesas para todos… Dios mío, a este punto quería llegar, en este punto me detengo, en este punto han muerto muchos paisanos, en esa pausa que hacen ya estando en el interior de los Estados Unidos, cuando van pensando que ya la libraron, cuando van incómodos como sardinas enlatadas pero sabiendo que ya les falta poco para poder tener acceso a un teléfono y avisarle a sus familiares que van bien, en ese punto han ocurrido desgracias como las del 2003, la del 2009 y como la de San Antonio, Texas apenas la semana pasada, en ese punto es donde han muerto niños asfixiados, hombres y mujeres deshidratados cuyo único pecado es buscar una mejor calidad de vida, y pasan los años y la historia se repite, el paso es cada vez más caro y con más barreras, ahora se le añade el odio presidencial norteamericano hacia los migrantes, odio que ha contagiado a los rancheros fronterizos quienes están dispuestos a disparar a matar, pero lo peor, es que pasa el tiempo y nuestro gobierno no ha sido capaz de frenar la migración con proyectos de nación que garanticen una mejor calidad de vida a nuestros connacionales sin necesidad de arriesgar su integridad física al emigrar de sus hogares o de sus campos, es lo que más duele, el abandono a la suerte.

Por hoy es todo, nos leemos en la próxima edición.

Visto 129 veces

Facebook