Está aquí: InicioOpinionChamaqueandoQuieren que les cuente un cuento?

Quieren que les cuente un cuento?

Escrito por  DanyBoy Publicado en Chamaqueando Viernes, 25 Agosto 2017 12:34
Valora este artículo
(0 votos)

La colita del rinoceronte.

 

Érase una vez, un señor hotelero, grande de edad y acostumbrado a la vida monótona en las orillas de su pueblo, pero un día, hasta ese pueblo recóndito, llegó un catrín, hombre bien vestido, perfumado y de buen calzado, a pedirle una habitación; tras registrarse, aquel catrín guardó su equipaje y salió en busca de comida.

Así pasaron varios días, hasta que al hotelero le surgió la intriga de saber a qué se dedicaba ese hombre, lo mandó a espiar y así se enteró que el catrín iba al pueblo a cambiar oro por dinero al banco y a comer las mejores viandas y de ahí se pasaba a los mejores bares en donde pedía las mejores copas y pedía la compañía de las mujeres más guapas del lugar.

-Hombre-, dijo, -este tipo es un misterio.

Un día, el hotelero no se aguantó la curiosidad y como todo casero, decidió espiar la habitación de su huésped, oh sorpresa, ahí estaba aquel catrín de espaldas manipulando un artefacto que a simple vista parecía una maquinita, sí, era una máquina a la que le agregaba arena, tierra, piedras y no recuerdo qué más, para después darle de vueltas a una manivela hasta que de la maquinita caía una hermosa moneda de oro puro; al casero le brillaron los ojos.

Cierto día, el hotelero decidió hablarle derecho al hombre diciéndole que ya sabía de su secreto y que tenía la intención de comprarle la máquina que fabricaba oro, vaya atrevimiento, sin embargo, el catrín mostró interés en la propuesta, tras unos minutos de plática de pronto el hotelero ya estaba frente a la maquinita, el catrín agregó los elementos necesarios al artefacto y empezó a darle vueltas hasta que,  bling,  Cayó una monedita haciendo el ruido inigualable del oro puro al caer y rebotar al piso; el hotelero quedó extasiado, acordó dar el hotel, su casa y el poco dinero que tenía en el banco a cambio de aquella maquinita, se imaginó dándose la gran vida en otros lugares lejos de la vida aburrida de ese pueblo olvidado por Dios.

Hechos los trámites, el hotelero hizo maletas para partir hacia la aventura y justo cuando estaba por marcharse, el catrín le dijo -oye amigo, se me olvidó decirte algo, por alguna extraña razón, la maquinita no funciona si al darle vueltas a tu mente llega la imagen de la cola de un rinoceronte-.

El hotelero minimizó la advertencia y se marchó, jamás pudo fabricar una sola moneda de oro, pero no podía culpar al catrín ni a la maquinita, era su mente la que lo traicionaba pues la colita del rinoceronte siempre se le aparecía. Hasta ahí dejamos el cuento.

Hola que tal chamacones y chamaconas, cosas de la sugestión y de ambiciones, es de lo que trata este cuento, y me recuerda a los partidos políticos ahora que andan buscando candidatos, a esos empresarios que se van de boca con la política y que la ven y desean como a una maquinita que fabrica oro pero que en ocasiones, terminan perdiéndolo todo, al final, quienes siempre salen ‘ganones’ son quienes han aprendido a vender a la política en sí, como un producto maravilloso.

En las redes sociales los vemos, a candidatos arrancando campañas disputándose las simpatías del electorado y de los dueños de los partidos, de todos los colores, algunos más anticipados que otros, los usuarios opinan, comentan, quién está detrás de cada suspirante, el ciudadano emite juicios, algunos enconan, pocos comparan. Llama la atención que ahora Juan Pueblo se fija mucho en quienes están detrás de los candidatos, quizá porque se han dado cuenta que últimamente mucho de lo que un candidato triunfador hace o deja de hacer depende directamente de los intereses o ambiciones de quienes creen que gracias a su operatividad, los candidatos llegan a gobernar, de ahí surge el saqueo en grupos, el nepotismo, la corrupción y la inoperancia de un municipio, por quienes se creen las chuchas cuereras de los partidos políticos maniatando de esta forma a los presidentes constitucionales de cada municipio, los dejan pues, pensando siempre en la colita del rinoceronte.

Por hoy es todo mis chamacones, el cuento citado lo pueden leer íntegramente en el libro La Plaza de Almas, escrito por Armando Fuentes Aguirre. Nos leemos en la próxima edición.

Visto 120 veces

Facebook