La pax de los sepulcros

1).- ¿Silencio o complicidad?

Oaxaca se ha insertado en una espiral de violencia y muerte. Más de ciento treinta homicidios dolosos en lo que va del año –la mayoría ejecuciones- no es poca cosa, aunque las mediciones del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) nos sigan ubicando como un remanso de paz. Segundo lugar después de Jalisco en homicidios, no es para soslayarlo. Nuestros jefes policiales han sido rebasados. Émulos de Flavio Josefo, aquel joven militar romano a quien le encargaron la defensa de Galilea ante los judíos, pero que fue rebasado por el miedo y el temor a Dios –que describe Elías Canetti (Masa y Poder, Alianza Muchnik, Madrid, 1999)- han mostrado hasta hoy, no sólo incapacidad sino torpeza para enfrentar la secuela criminal. Pareciera ser una especie de complicidad simulada. El asunto es simple: nadan de muertito y sobreviven cual hombres de mar, en un oleaje picado, del que sólo los ha salvado la benevolencia de quien los mantiene en el cargo. La inseguridad ha caminado en nivel proporcional a la apatía de quienes tiene bajo su responsabilidad –para nuestra desgracia- el timón de la seguridad ciudadana.

2).- La pax de los sepulcros

Sin afán peyorativo, los gobernantes y políticos deberían abrevar de la lectura de los clásicos. Pero es como pedirle peras al olmo. Ya ven a Salomón Jara y Benjamín Robles, proponiendo barrabasadas. Creen saberlo todo. La realpolitik oaxaqueña –con etiqueta a los yupies- poco o nada tiene que ver con reconocidos méritos académicos en el ITAM o el extranjero. La política en efecto –así sea la nuestra, tan deprimente y rastacuero- se define no por su excelencia sino por sus resultados: “si no es efectiva no puede ser virtuosa”, dijo Maquiavelo. Más aún: “Todos los profetas armados triunfan, mientras que los desarmados fracasan”, apuntó en sus “Discursos sobre la primera década de Tito Livio”. La inseguridad en Oaxaca no es una apreciación personal. Es ya vox populi. Los vecinos de Tuxtepec, Juchitán y Matías Romero viven aterrorizados. Secuestros, ejecuciones a plena luz del día, cadáveres desmembrados, incursiones de grupos armados en zonas habitacionales. El fenómeno se ha ido extendiendo a otras regiones. Hombres, mujeres, jóvenes por igual. La inacción policial se justifica con algo irrisorio: no hay recursos para gasolina, viáticos, avituallamiento, etc. Entonces, ¿a dónde carajo se van los recursos del FOSEG o del FORTASEG, de los que nadie rinde cuentas?

3).- Operativos fallidos

Cuando las plazas “se han calentado”, en la estructura gubernamental ocurre un fenómeno similar. Pamela Terán, Sol Cruz Jarquín y Adelfo Jiménez fueron acribillados en Juchitán, a principios de junio de 2018. Triple crimen impune. Como los de Pepe Larumbe, Paco Cancino y Bernardo Felguérez y otros más en la capital, aún sin esclarecerse. De los primeros, eran tiempos electorales. Los candidatos por aquel distrito presionaron negándose a realizar campaña. La andanada mediática asomaba a la puerta. No por la ola criminal sino por motivos electorales se montó el “Operativo Istmo de Tehuantepec”. Corporaciones estales y Fuerzas Federales: Ejército, Marina/Armada de México, Policía Federal. No tardó ni un mes. ¿El reporte cotidiano? Armas y vehículos decomisados. Las ejecuciones siguieron ahí, en las mismas narices de los participantes en el operativo. A raíz de la ejecución de una familia de cinco miembros, Tuxtepec fue objeto de un operativo similar, que resultó igual de ineficaz o peor. Pura ficción, faramalla y simulación. Ni prevención ni disuasión.

4).- El retorno de viejos ilícitos

En el mes de febrero se registraron al menos ocho ejecuciones en la capital oaxaqueña. En marzo, no nos ha ido mejor. La del candidato a agente de San Martín Mexicapan, Norberto Ayala fue una. Dos ejecutados en San Antonio de la Cal, el Día de la Mujer. Dos más en Xoxo. Jonás González y su auxiliar. No estamos pues fuera de esos escenarios sangrientos que antes nos parecían lejanos. Los asaltos bancarios, robos a casas habitación, robo de cajeros automáticos, negociaciones y transeúntes se han vuelto el pan de todos los días. Han regresado del pasado los asaltos carreteros en puntos peligrosos. Los límites de Puebla y Oaxaca, son el terror de camioneros. El robo de hidrocarburos en el Istmo y la Mixteca no cesa. Pero no se atisban mecanismos de cooperación, Bases de Operaciones Mixtas (BOM) u otros. Nuestros jefes policiales están prestos a los operativos de alcoholímetro. Ahí sí, nadie les gana. No es lo mismo combatir delincuentes que llevar borrachos al “Torito”. Cuestión de enfoques o del porqué en materia de seguridad estamos pelas, pero regodeándonos en el lugar 17, a nivel nacional, en seguridad.

BREVES DE LA GRILLA LOCAL:

--- ¡Vaya!, en lugar de dedicarse a gestionar recursos y cumplirle al pueblo de Oaxaca, la facciosa bancada oaxaqueña de MORENA y adláteres, se ha convertido en cómplice del Cártel 22. Es deprimente y deplorable su postura sectaria, torpe e ignorante. Ahora resulta que los 19 diputados (as) son miembros de la CNTE, activistas, militantes. Queremos ver a uno solo abordar tribuna y decir algo congruente no estupideces como las que hasta hoy hemos visto.

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