El síndrome de Eróstrato, a propósito de…

El anhelo de fama, sin caer en la infamia.

De cuando obtienes la ínsula, pero no sabes cómo gobernarla

Dicen que Eróstrato, un pastor efesio, decidió con tal de pasar a la historia, quemar el imponente templo de Artemisa. 
Se dice que el pastor llevó a cabo su plan, pero que, al descubrirse su anhelo de fama, en su tiempo prohibieron volver a mencionar el tema del pastor para que no tuviera cabida en la historia y así, no lograra su cometido.

En otro hecho histórico, se cuenta que estando el emperador Carlos V observando el Panteón de Roma, desde lo alto a través de la única ventana que tiene en la cima el domo, un caballero que le acompañaba le confesó haber sentido impulsos de querer abrazarlo y arrojarse junto a él hacia el interior de aquella majestuosa construcción con la finalidad de inmortalizar su nombre junto al del emperador por medio de una tragedia.

Con estos dos ejemplos, Don Quijote de la Mancha reprende a Sancho Panza cuando, en la segunda parte de la obra de Cervantes, el escudero dice que no le importa lo que se diga o se haya escrito sobre su persona en la primera parte del libro que da cuenta de sus andanzas. Ante esto, Don Quijote invita a su fiel escudero a tener cuidado de no adquirir fama de manera infame, la cual no resulta para nada honroso.

Hola que tal chamacones, finos lectores. Reflexionando un poco en esta gran obra universal me doy cuenta de cuánta vigencia tiene su contenido hasta el día de hoy, y no me cabe duda que estuvo adelantada a su tiempo desde los años 1600 en que su primera impresión vio la luz; porque no me dejaran mentir que, en nuestros tiempos, los jóvenes se imponen cada reto sin sentido que rayan en la sandez, con tal de obtener fama y popularidad.

Pero no solo la juventud está cayendo ante este síndrome, lo mismo pasa con los políticos de la actualidad, embriagados de poder y con el anhelo de pasar a la historia, terminan actuando sin razón y contrasentido, sin darse cuenta que en cualquier momento pueden caer en la infamia, tal y como sucedió con los funcionarios federales de salud que por pretender ´limpiar´ de corrupción su sistema, dejaron irresponsablemente sin pruebas de Tamiz a los recién nacidos en doce estados, nada más, según ellos. Está de más explicar la importancia de dichas pruebas y las consecuencias de no aplicarlas.

Volviendo a nuestra región.

Bien le vendría pues, a las nuevas generaciones, empaparse un poco de la gran sabiduría, a manera de sátira, que encierra la obra de Don Quijote, y que no se resume simplemente a ´dejad que los perros ladren, que es señal de que vamos avanzando´, frase que por cierto, no aparece escrita en ninguno de los capítulos de dicho trabajo literario.

Esto último lo digo porque, tal y como Sancho Panza soñaba con la gubernatura de su tan anhelada ínsula, pareciera que en nuestra región algunos funcionarios han caído en el conformismo, la inacción o en la pasividad tras haber cumplido su sueño guajiro de poder en sus diferentes municipios.

Con esto quiero decir que, no basta con obtener el gobierno de una ínsula y de ahí sentarse, porque si vemos que ésta arde y su gobernador no hace nada al respecto, en automático se califica el comportamiento como el del Nerón romano quien se encerró en su palacio a cantar y a tocar la lira mientras su ciudad se consumía por el fuego. En nuestros tiempos, ese fuego puede compararse con la inseguridad que también consume a pueblos enteros.

Sin embargo, tampoco se trata de tomar medidas extremas o irracionales con tal de hacer historia.

Por eso lo digo, hace falta un poco de moralismo y valentía para conseguir la magnanimidad, como bien aconsejaba Don Quijote a Sancho Panza en sus andanzas.

 

Por hoy es todo, nos leemos en la próxima edición.