EL COMENTARIO DE HOY

No tengo la menor duda de que vivimos tiempos difíciles. México está en la antesala de experimentar, no un cambio sustancial como tanto se ha dicho con el nuevo gobierno, sino de sumergirse en un retroceso autoritario, que sólo hemos visto en otras latitudes. La Reforma Educativa que necesita México, no debe ser una gratuita concesión a un sector minoritario del magisterio, representado por la CNTE, sino en función de una mejora en la calidad de la educación que requieren millones de niños y jóvenes mexicanos.

La educación que imparte el Estado, no debe verse bajo el prisma del capricho, la ventaja política o la ocurrencia, sino con la visión de estadista, de compromiso con el pueblo, con las generaciones que forjarán el futuro de la Nación. Si la Reforma Educativa aprobada por la llamada “mafia del poder” debe ser derogada como se ofreció en campaña, pues que se haga, pero debe ser sustituida por algo mejor y no violentando la Constitución.

Hasta la fecha la citada Reforma parece haberse convertido en una moneda de cambio o en un resorte para el arreglo político, como si la educación de millones de niños y niñas, fuera un juego de vencidas. La discusión de la iniciativa tuvo que ser diferida por las presiones de la CNTE y su brazo golpeador, la Sección 22. Un día sus dirigentes exigieron cinco mil quinientas plazas; al día siguiente lo negaron. Sin embargo, es evidente que su obsesión es ésa: fungir como juez y parte; trabajador y patrón.

El Estado no debe renunciar a la rectoría de la educación, mucho menos hacer concesiones o favoritismos. Es su atributo también controlar las plazas y su otorgamiento, así como el manejo de la nómina. Sólo en ese sentido habría que aplaudir el famoso memorándum de la semana pasada. Si la iniciativa de Reforma tiene que discutirse y consensuarse, habrá que convocar a todo el magisterio, no sólo a la CNTE; a los padres de familia; a los expertos en educación y a la sociedad civil.

Premiar el activismo político y el fanatismo ideológico es jugar con fuego y con el futuro del país. Ríos de tinta han corrido respecto a la trillada Reforma Educativa y se ha perdido el tiempo tratando de acomodar las cosas a capricho de un sector,que no es –insistimos- la representación de todo el magisterio del país. Esperamos que la madurez y no la mezquindad se imponga en los Poderes Ejecutivo y Legislativo, para que quienes ganen con la referida Reforma sean los niños y las niñas de México. Ésa debe ser la divisa, la preocupación y el compromiso de quienes hoy tienen el timón del país.