¡Mi reino por un caballo!

Aquella mañana, el rey Ricardo III se preparaba para la batalla más importante de su vida, acosado por el ejército de Enrique Tudor, Conde de Richmond, y pretendiente a la corona de Inglaterra. Ricardo ambicionaba, antes que nada, conservar la corona.

Ansioso, o quizás nervioso, en todo caso soberbio, Ricardo mandó enfurecido a un sirviente a comprobar si su caballo favorito estaba listo para la batalla. El sirviente, asustado, urgió al herrero que preparara al equino, ante el avance de las tropas del conde de Bosworth. Con una barra de hierro el pobre herrero moldeó con premura las cuatro herraduras que se apresuró a clavar en los cascos del caballo. Pero al llegar a la cuarta pata advirtió que le faltaba un clavo para completar la tarea. Ante lo urgente de la situación, arregló el asunto como pudo, para salir airoso de la cólera real, y entregó el caballo, aunque la última herradura no quedó tan firme como debiera.

Tras el choque de los ejércitos y estando el rey en lo más duro de la batalla, observó que sus soldados retrocedían ante el empuje de los contrarios. Espoleó por ello a su caballo y se lanzó a cruzar el campo de batalla para arengar e infundir valor a los suyos.

Fue en ese momento cuando su caballo perdió la herradura mal fijada, tropezó, e hizo caer al rey a tierra. Asustado, el caballo se alejó de Enrique, que quedó a merced de los enemigos mientras sus soldados daban media vuelta y se alejaban presos del pánico.

Es entonces cuando Ricardo III, blandiendo asustado su espada, gritó: ¡Un caballo! ¡Mi reino por un caballo!

Pero no había caballo alguno para él. Ya era tarde. Los soldados de Enrique Tudor dieron rápida cuenta de Ricardo.

Hola que tal mis estimados y finos lectores. Hoy les comparto esta interesante pero trágica historia que nos dejó William Shakespeare dentro de su vasta obra.

En este relato se puede apreciar la importancia que pueden tener los pequeños detalles, lo malas consejeras que son las prisas y la gran importancia que pueden tener los estudios previos antes de acometer asuntos de gran envergadura tales como la puesta en marcha de la Guardia Nacional por parte del presidente Andrés Manuel López Obrador.

Todos sabemos que, desde un principio, ´el caballo´ llamado Guardia Nacional de AMLO tuvo sus trabas en el Congreso, y también cómo logró que se aprobara.

Pues bien, el domingo pasado llegó la hora de trasladar al ´caballo´ a las líneas de combate, pero ¡oh sorpresa! Empezaron los problemas.

Camionetas recicladas y elementos inconformes. Iniciando la semana, una camioneta de la GN terminó ´enrampada´ en las Cumbres de Maltrata por posible falla de frenos, y a mitad de semana, policías federales se manifestaron contra el presidente y acordaron

irse a paro de labores exigiendo que los represente el mismísimo ex presidente Felipe Calderón en esta pugna que emprendieron contra el gobierno lopezobradorista.

Vaya usted a saber qué intereses hay detrás de todo esto, tanto de una como de la otra parte, pero una cosa es cierta, se inició con el pie izquierdo, lo que está generando divisionismo e incertidumbre entre los elementos de la Policía Federal y de la misma GN.

Esto por supuesto que es bueno para la ´maña´, y malo para la ciudadanía común. En Tabasco, por ejemplo, recibieron con violencia a la Guardia Nacional. El crimen organizado incendió vehículos en la autopista de Villahermosa para hacer notar su peso y en Cancún, secuestraron masivamente a 22 personas de un ´call center´.

Lo peor de todo esto, que ante las fallas o clavos que se le están saliendo al caballo, el presidente simplemente minimiza y descalifica los hechos y a las partes implicadas.

En el colmo de los colmos, el presidente se va a entretener frente a una caja de bateo mientras el tema está que arde. Así las cosas.

Y pensar que todo empezó con un comercial publicitario de galletas: ¡Guardias!

Pero si no les digo.

Por hoy es todo, estimados lectores, nos leemos en la próxima edición.

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