El PRI en su laberinto

1).- La derrota esperada

El primero de julio de 2018, el PRI sufrió la más grave de sus derrotas. De aquel “Oaxaca, territorio PRI” ni sus luces. Ya había recibido dos o tres golpes antes. Éste fue más espectacular. Humillante. Lo dejaron en calzones. ¿Y cómo no? Ninguno de sus candidatos hizo campaña. La sospecha de que la plaza ya estaba entregada a AMLO se despejó al poco tiempo. Sólo Gustavo Díaz, a) El Gato, ganó en el distrito de Acatlán, la local. Se perdieron 24 locales y 10 federales; la capital y muchas presidencias municipales. Los gajes de la democracia: ganó la mayoría, puro (a) desconocido (a), sin experiencia legislativa, sin tablas para servir. No, bueno, al tricolor le fue como en feria. El efecto AMLO advertía una derrota largamente anunciada, frente a un partido patrimonialista, cerrado, acartonado, vertical, autoritario, manipulado por sectas y cofradías. Un revolucionario e institucional que no ha aprendido de las derrotas; que se ha crecido al castigo y que sigue aferrando a los viejos moldes.

2).- La lucha por los despojos

La división en el PRI oaxaqueño se agudizó hace casi una década. Se hizo evidente en 2010 con la derrota de Eviel Pérez Magaña. La cofradía ulisista se enquistó en el Comité Directivo Estatal (CDE). El estira y afloja en el tricolor devino arena pueblerina e hizo patente que dos amigos de antaño, antecesor y sucesor, serían de ahí para el futuro, los adversarios más enconados. Ulises Ruiz, en una esquina; José Murat en la otra. El famoso “Pacto por México” y la venia del ex presidente Enrique Peña Nieto, fortalecieron al de Ixtepec y le hicieron ver su suerte al de Chalcatongo. Cuasi vetado, no cuajó nada. Ni para sí mismo. Seis años en la congeladora. La candidatura de Alejandro Murat en 2016 y su posterior triunfo, con los colores del PRI –aunque nunca ha hecho votos abiertos por el partido que lo llevó al poder, del que ha guardado “sana distancia”- exacerbó más las diferencias. Contrario sensu, con el arribo del “cachorro”, el CDE y sus sectores entraron en un impasse. Presidencia y sectores han sido simples membretes, desangelados, sin iniciativa, señalados de “empobrecimiento explicable”.

3).- Un simple membrete 

Arropado por sus leales, URO se dedicó a torpedear a Peña y a “Clavillazo”, Enrique Ochoa Reza, ex compañero de AMH y, por tanto, leal al corral del de Ixtepec. E inició su periplo en pos de rescatar al tricolor, denunciando falta de democracia y claridad en las reglas, autoritarismo, opacidad, esquemas de los que antes jamás abjuró, sino que fue un fiel exponente. Fue parte de la cúpula de ese PRI cerrado y autoritario. En Oaxaca, salvo contadísimas excepciones, de aquellos leales que algún día le besaron los pies, a los que empoderó y sacó de la inopia, muchos le dieron la espalda, como Eviel Pérez Magaña, por ejemplo. La legendaria tránsfuga oaxaqueña, tan tradicional como La Guelaguetza o los usos y costumbres. Y recorrió el país en una campaña proselitista que al final sería desafortunada: el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) le dio palo. Ya la Comisión de Procesos Internos había hecho lo propio. Aún así perseveró con resultados lamentables.

4).- El desenlace anunciado  

En el eje de la crítica ulisista ha figurado el ex gobernador de Campeche, Alejandro Moreno Cárdenas, a) Alito –“AMLito” para sus adversarios-, a quien ubican como favorito de AMLO. El campechano, que es –como Ochoa Reza- cercano a los afectos de la familia Murat, lo ha negado una y otra vez. Bajo esa premisa se bajó del caballo José Narro, aspirante a dirigir el CEN del tricolor. Manlio Fabio anticipó que hoy no acudirá a votar. Y URO, imposibilitado para participar, pero obnubilado en impedir el arribo de Moreno, va de la mano con la ex gobernadora de Yucatán, Ivonne Ortega. El panorama nacional –y estatal, por supuesto- parece favorecer a “Alito” –o AMLito, lo mismo da- que ha cabildeado con los gobernadores y militancia. Aquí, el priismo –salvo sectores muy identificados con URO- está presta a votar por él. La infalible “cargada”. El joven candidato va en caballo de hacienda. Se dice que con una amplia ventaja. De esta elección ¿saldrá un tricolor fortalecido? Lo dudo. Será una labor titánica darle fortaleza y consistencia a una entelequia fracturada y pulverizada. Eso no importa, hoy habrá nueva dirigencia.

 

BREVES DE LA GRILLA LOCAL:

 

--- La ola de asaltos que se han dado en la capital oaxaqueña, urgen de acciones severas de parte de las autoridades. Las bandas de dos o tres sujetos en moto, están identificadas. ¿Por qué no se procede a detenerlos?

--- El desgarriate armado por normalistas el viernes, que paralizó por completo la capital, requiere con urgencia en Oaxaca, la aprobación de una “Ley Garrote”. ¡Ya basta de tanta complacencia y complicidad de los legisladores, con la práctica aberrante del bloqueo!

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