A FAVOR DEL PRESIDENTE O EN CONTRA DEL PRESIDENTE

Con el auge de las redes sociales lo que sobran hoy son las discusiones, los desencuentros.

Creo con Jon Stewart que en más de un sentido, “internet no es más que el mundo pasándose notas en el salón de clases”.

En nuestra afiebrada realidad hemos perdido la capacidad de ponderar nuestras coincidencias por encima de lo que nos hace diferentes. Hoy la unidad parece imposible de explicar a partir de lo diverso.

Y hoy México es un prototípico ejemplo.

La lucha electoral, inescrupulosa por definición, ha engullido a la lucha política y al contraste de las ideologías.

Las posturas en México parecen, cada vez con más frecuencia, reducirse a estar en contra o a favor de lo que piensa, dice o hace el Presidente de la República. Ya ni siquiera es “nuestro” Presidente, es “el” Presidente.

Hoy la polarización nos evita la pesada carga del raciocinio, del análisis, de la argumentación. Estar a favor o en contra del Presidente basta para estar a favor o en contra de lo que él defiende. Y nos contentamos con repetir justificaciones que muchas veces poco tienen que ver con argumentos.

Y es así porque el Presidente lo acapara todo. Es un místico del poder. Lo ejerce. Y cuando lo delega, lo controla, lo fiscaliza. Es dueño de su partido, del congreso y ahora de la Corte. Pronto tendrá bajo su voluntad también a los órganos autónomos.

Pero “el pueblo” es el que manda y “el pueblo” no solo se lo permite, sino que se lo aplaude. Las heridas más recientes de este país que duelen más en la corrupción, la mentira, la falta de dinero en los bolsillos y el abuso de poder no se alivian con el bálsamo del sistema democrático y de los contrapesos al poder.

El “pueblo” quiere justicia y la percepción es que la vía más expedita es la justicia de un solo hombre, del personaje providencial a quien todo se cree y a quien todo se perdona.

Hoy es difícil no tomar partido. O se está a favor o en contra de Rosario Ibarra, de Evo Morales, de Medina Mora, de la nueva Ministra Rios Farjat, de Manuel Bartlett, de que liberaran a Ovidio, de que Ayotzinapa ya no sea considerado crimen de Estado y de tantas y tantas cosas que a diario el Presidente nos impone como su verdad en las mañaneras.

Los temas no importan; importa la posición del Presidente.

Hoy, lastimeramente ya no hay oposición porque los opositores más firmes y sensatos de otros tiempos se han convertido en enemigos, en los enemigos del Presidente y, por extensión, en los enemigos del “pueblo”.

Por ello todo se reduce a derecha e izquierda; a conservadores y liberales; a fifís y chairos. Querámoslo o no a todo se nos ve con alguna de esas camisas. En estos tiempos de crispación incluso quienes se pretenden neutrales son señalados en nuestra guerra sin cuartel.

Más preocupante es el hecho de que todo cuanto se pretenda noblemente enderezar desde la academia o desde el periodismo seguirá estando visto bajo sospecha de unos y otros porque hoy “los académicos” y los “periodistas” más prominentes también han tomado partido.

¿Qué hacer? ¿redimensionar la importancia del voto libre y secreto?

A fin de cuentas en el futuro inmediato, la lucha electoral también estará reducida a dos posibilidades que irán por encima de partidos, coaliciones o ideologías: a favor o en contra del Presidente.

@MoisesMolina

Más en esta categoría: « IGUANATECAZOS La Virgen de Juquila »