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CNTE: DIALOGO O INTRANSIGENCIA

Escrito por  José Villalobos Gallegos Publicado en José Villalobos Gallegos Viernes, 08 Julio 2016 12:29
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El movimiento encabezado por la CNTE no resulta ser diferente a otros movimientos alrededor del mundo respecto a cómo entienden el acto de dialogar. Exigen diálogo al gobierno federal, pero también condicionado, como el exigir (sin ningún derecho a ello) que no sea con la Secretaría de Educación Pública, sino con Gobernación. Pero lo esencial es que su demanda de dialogar es una sola e irreductible: dar marcha atrás a la reforma educativa, revertir las reformas a la Constitución General y anular los cambios a las leyes secundarias.

Para muchos intransigentes, el concepto de diálogo es sencillo: nos sentamos a hablar, ponemos sobre la mesa nuestros reclamos y la contraparte las acepta sin discutir ni negociar. Es el todo (lo nuestro) o nada (lo de ustedes).

Por ello, se impone en este momento pensar que la negociación es un proceso de comunicación dinámico, en mérito del cual dos o más parte tratan de resolver sus diferencias e intereses en forma directa a fin de lograr con ello una solución que genere mutua satisfacción de intereses. Estas diferencias deben ser resueltas por las partes aprovechando los distintos valores que cada una de ellas asigna a la toma de decisiones.

Dialogar o discutir, es sentarse a platicar sobre opiniones o posiciones diferentes y analizar juntos la manera de coincidir. De allí se puede llegar a un consenso o no, aunque lo que se busca es el consenso. Pero sentarse a hablar sin discutir nada, sino solamente exigiendo que se acepte el dicho de una de las partes, entonces no hay diálogo, es monólogo en la práctica, unos dicen todo y los otros solamente dicen “sí”.

Cuando la CNTE habla de diálogo, lo hace para ganar imagen pública, quieren dialogar, dicen y no se les hace caso, se les niega ese derecho. Sólo que no es diálogo lo que buscan, sino la rendición absoluta del gobierno y del Congreso a sus exigencias: ¡abajo la reforma educativa! Incluyendo en especial, el acabar con la evaluación de los profesores.

La reforma educativa fue el tema que atoró el diálogo entre la Secretaría de Gobernación y la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), pues mientras la SEGOB enfatizó que no está sujeta a negociación ni cambio, la CNTE insistió en su abrogación.

Durante el largo tiempo en que se discutió la reforma educativa, tanto en el Congreso Federal como en los de los estados que votaron la reforma constitucional, tanto la CNTE como cualesquiera otros interesados, pudieron dar sus opiniones. Se hizo así, y los legisladores no aceptaron las exigencias (disfrazadas de propuestas) de la CNTE. Hubo diálogo público sin llegar a consensos.

Así, la posición del gobierno federal es muy clara: la reforma educativa, constitucional y en leyes secundarias, no está ya en mesas de discusión. El ofrecimiento oficial a la CNTE es claro: podemos sentarnos a la mesa a discutir lo que deseen sobre la educación escolar en México, menos lo ya aprobado a nivel legislativo nacional. Ese tiempo ya pasó.

De cualquier manera, el gobierno federal pide a la CNTE cumpla una condición para sentarse a dialogar sobre temas distintos de deshacer la reforma educativa: que asistan a dar sus clases, y levantar los bloqueos que mantienen asfixiada a la población. Situación que los maestros de la CNTE han ido cumpliendo de manera paulatina.

Algo más, cuando la cabeza de una organización, la que sea, exige diálogo y desea dar la impresión de buscar justicia, como dicen en la CNTE, no amenaza con causar cada vez mayores daños y contratiempos a la sociedad, ajena al conflicto, y menos aún cumple esta amenaza.

Muchas personas y personeros de diversas organizaciones afines a la CNTE no toman en cuenta estas posiciones irreductibles, y se quejan de que el gobierno no quiere escuchar a los maestros, no quiere dialogar, dicen. Victimizan a esos dirigentes magisteriales y acusan al gobierno de cerrazón. Pero no consideran la cerrazón de la CNTE, la evaden, y mucho menos la hacen responsable de actos de vandalismo.

Los apologistas y defensores de la CNTE no toman en cuenta la realidad de las partes en conflicto. Simplemente ignoran o pretenden ignorar lo que los maestros piden, cuyas discusiones ya pasaron, y que cualquier otro tema educativo, puede ser discutido. Pero la CNTE ha demostrado hasta el cansancio que eso no les interesa. Lo que exigen es solamente una cosa (todo lo demás es derivado de ello): dar marcha atrás a la reforma educativa. Y por no recibir la rendición oficial, dicen que no hay diálogo.

Por lo demás, al no recibir respuesta a esa particular mesa de diálogo irreductible, la CNTE recurre a la violencia y al delito tipificado contra la población y el gobierno, que se ven afectados en sus personas, sus bienes y la libertad de movilización. Quien pide diálogo no puede justificar la violencia ilegal. Pero para la CNTE y quienes los ven como víctimas, eso no tiene importancia. Si no dan clase, a eso tampoco le dan importancia.

Por supuesto que se les acabó el tiempo a los dirigentes de la CNTE, tal y como se los advirtió la semana pasada el titular de la Secretaría de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, puesto que no sólo los oaxaqueños, chiapanecos, guerrerenses y michoacanos exigen acabar con sus desmanes y provocaciones, sino también toda la sociedad mexicana espera que se actúe con firmeza para evitar más pérdidas económicas y que personas de escasos recursos económicos sigan padeciendo de desabasto de productos de primera necesidad.

En el diálogo hay que separar, claramente, entre los asuntos políticos y los educativos.

Los malos resultados educativos de Oaxaca derivan del otrora dominio de la Sección 22 que controlaba los nombramientos y el manejo de las finanzas del IEPPO, antes de que este sufriera una reestructuración administrativa que acabo definitivamente con el dominio del magisterio.

Por eso derivado de ese férreo control que ejercía la CNTE sobre la educación en Oaxaca, los datos duros no mienten:

–     9 de cada 10 estudiantes no alcanzan los aprendizajes suficientes.

–     Cada generación de niños, al terminar la primaria, ha perdido al menos un año escolar completo por los constantes paros.

–     Según la nómina, se paga como si hubiera un maestro por cada 11 niños. Si así fuera,  ¡el aprendizaje sería casi personalizado!

El liderazgo de la Sección 22 de maestros no ha dejado ningún espacio a la negociación. Su lógica del todo o nada y su tendencia a violentar los márgenes de negociación han impedido la búsqueda de una solución. El gobierno federal, con el riesgo de pasar por débil y miedoso, ha tenido que pagar una cuota de credibilidad. Pero al final la salida de fuerza se ejerce para retomar la gobernabilidad, lo cual no debe confundirse con represión.

La Sección 22, y aisladamente las secciones magisteriales disidentes de Guerrero, Michoacán y Chiapas, sólo tienen el paro que va a declararse; y ahí la estrategia del gobierno parece ser clara: dejar que el paro avance más allá de sus límites del año escolar y desalojar escuelas y plantones, no ceder en la evaluación y preparar a las fuerzas de seguridad federales.

En su intransigencia, las secciones de la CNTE se quedaron en la necedad: el paro y las protestas para exigir en los hechos la abdicación del Estado constitucional y la renuncia del gobierno federal, metas de suyo imposible. El debate no era entre maestros y gobierno sino que la disputa se ha dado por la rectoría de la educación: los maestros o el Estado.

Los reportes que se tienen dicen que los grupos revolucionarios extremistas conocidos por provocar violencia han dado su apoyo incondicional a la CNTE. Si es así, probablemente los escenarios de violencia no se deben solo a un desacuerdo sobre la política educativa, sino a la intención de desestabilizar al gobierno.

 

*Es  Abogado y Analista Político

 

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