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ENRIQUE OCHOA AL PRI: LOS TIEMPOS SE ADELANTAN

Escrito por  José Villalobos Gallegos Publicado en José Villalobos Gallegos Viernes, 15 Julio 2016 08:18
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La designación de Enrique Ochoa Reza como presidente del CEN del PRI tomo por sorpresa a los círculos partidistas, y se dice que dicho anticipo se debe a los constantes movimientos que venía realizando la que fue tres semanas presidenta interina, Carolina Monroy, para quedarse en la dirigencia o bien promover su candidatura anticipada a la gubernatura del estado de México; así como también a que integrantes de la clase política priista intentaban limitar el margen de maniobra del presidente Peña para elegir al dirigente del partido

Ochoa Reza es un cuadro joven (44 años) quien exhibió su comprobada militancia mediante una credencial de afiliación de 1991 firmada por Luis Donaldo Colosio; tuvo cargos en el IFE y en el Tribunal Federal Electoral, era consejero político del PRI y su trayectoria más destacada se dio recientemente en cargos burocráticos debido a la cercanía de Luis Videgaray y Aurelio Nuño, sobre todo como director de la Comisión Federal de Electricidad.

Se hecho se maneja que con esta designación, Luis Videgaray toma el control de la sucesión presidencial de 2018. Al interior del PRI lo que parece estarse repitiendo, a partir de la entronización de Ochoa, es una vieja pugna entre neoliberales y políticos de la vieja guardia; disputa que dio como consecuencia el desplazamiento de los políticos de militancia tradicional en el viejo partido.

En ese contexto, en la gran decisión presidencial que favoreció a Enrique Ochoa, los políticos quedaron de lado. Fueron mencionados para ocupar el cargo los secretarios Miguel Ángel Osorio Chong y José Calzada Rovirosa; el senador Emilio Gamboa; los diputados Enrique Jackson, Jorge Carlos Ramírez Marín, Ivonne Ortega y Carolina Monroy Del Mazo, así como los gobernadores Eruviel Avila (Edomex), Francisco Olvera Ruiz (Hidalgo) y Miguel Alonso Reyes (Zacatecas), todos ellos con trayectorias acreditadas por sí mismas.

El Consejo político dispuso en la convocatoria, algunas particularidades para controlar la elección del nuevo líder; por ejemplo, insistió en la paridad de género para elegir a un varón atajando la posible intención de la presidenta interina de registrarse; el colocar primero en el proceso interno el caso del candidato único para tomarle protesta inmediata el martes 12 de julio. Después, como si se tratara del procedimiento excepcional, se dispuso el supuesto de elección competitiva con cuatro días de proselitismo interno y sesión electiva el 16 de julio. Estos detalles, nos llevan a pensar en que se trataba de una decisión previamente definida.

Lo más parecido a un perfil ideológico de Ochoa Reza es su participación en el homenaje luctuoso a Plutarco Elías Calles el pasado 19 de octubre. En ésta se alineó al pensamiento presidencial pues, dijo, para seguir avanzando en el progreso incluyente del país sería necesario seguir una transformación como la impulsada por las reformas estructurales.

En su discurso de toma de protesta, Enrique Ochoa llamo a la militancia a “ser parte de un partido que señale la corrupción de los gobiernos emanados de sus filas, que exija su fiscalización e incluso su destitución”.

Indicó que con “la misma firmeza con la que debemos limpiar la casa y contribuir a crear un nuevo sistema nacional anticorrupción en el país, seremos exigentes para señalar y promover el castigo de los actos de corrupción de los otros partidos políticos”.

Subrayó que el partido tricolor tiene que ser garante de la honestidad de sus gobiernos y defender a sus candidatos, militantes y gobernantes que sean injustamente calumniados o difamados.

Estos postulados sobresalen, luego de que el PRI sufriera su peor descalabro electoral en la historia, situación que se dio principalmente por la excesiva corrupción e impunidad con que se manejaron los gobernadores actuales de los estados donde el tricolor salió derrotado.

Se menciona que estos anticipos en los tiempos también se dan  una vez que el Peña ha evaluado con claridad los efectos desastrosos de la pasada elección, y en ese contexto ha hecho sentir a sus colaboradores que no se va a dar por vencido.

Es decir, no se iba a resignar a que el PRI perdiera las elecciones estatales en el 2017 y menos aún las presidenciales del 2018, o que se quisieran echar para abajo las reformas.

Y, que para concretar estas ideas, es urgente el relevo de personas y de estrategias. Como el propio presidente Peña lo refirió, quizás en el contexto del Cuarto Informe de Gobierno, poco antes o poco después. Pero las cosas se precipitaron y el primer cambio estratégico se dio con la designación de Enrique Ochoa en la dirigencia nacional del PRI.

Por todos es sabido que nadie esperaba los sorpresivos resultados que obtuvo el PRI, y los datos duros son escalofriantes para el tricolor, que más allá de los errores cometidos en la selección de candidatos impopulares, y de la nefasta aplicación de las políticas públicas de los gobernadores, se encuentra el hecho de la indefinición en las estrategias de campaña.

Un cambio en el PRI era inmediato e implicaba de entrada un cambio en el perfil del dirigente, por eso se explica el momento político y la designación de Enrique Ochoa, que también fue una carta inesperada, pero no distante por formación de otros personajes que alguna vez se mencionaron, como Aurelio Nuño y Luis Videgaray.

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