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RUMBO AL 2018: LA CARRERA POR LA PRESIDENCIA DE MEXICO

Escrito por  José Villalobos Gallegos Publicado en José Villalobos Gallegos Viernes, 30 Septiembre 2016 08:45
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En un entorno económico mundial difícil, a causa de la caída de los precios del petróleo y otros factores, y en un ámbito internacional convulsionado por el terrorismo y por la posibilidad remota de que gane la elección presidencial Donald Trump, un extremista de derecha racista, y en particular enemigo de los mexicanos, de los islámicos, y de los chinos, se inicia en México la carrera política hacia las elecciones de 2018, por la presidencia de la República.

Los precandidatos, que constituyen una larga lista y a la que se sumarán más, tanto afiliados a partidos políticos como a quienes se postulen como independientes, que tienen una presencia importante en la opinión pública del país, ya sea por su conocimiento entre la población o por la opinión que los ciudadanos tienen de ellos tendrán que considerar los diversos factores nacionales e internacionales para ir preparando sus campañas políticas, porque no podrán desconocer ni los problemas nacionales ni los asuntos internacionales que se reflejan intensamente en la economía y en la política de México; en le economía, por ejemplo, porque la caída de los precios del petróleo de 100 a 25 dólares produjo un colapso en la industria petrolera mexicana y desquició a PEMEX mismo, tanto así hubo necesidad de remover al Director general para reparar los daños causados.

La encuesta realizada en vivienda por Parametría en julio y agosto de este año investigo  la preferencia electoral de los ciudadanos rumbo a la elección presidencial de 2018, así como el conocimiento y opinión de algunos líderes políticos. De acuerdo con el ejercicio si hoy fuera la elección para Presidente de la República, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) estaría a la cabeza con el 29 % de la preferencia efectiva, seguido del Partido Acción Nacional (PAN) quien registra 23 %, en tanto que Movimiento Regeneración Nacional (Morena) aparece en tercer lugar con el 21 %. Un dato importante es que el Partido de la Revolución Democrática (PRD) desciende al cuarto lugar de las preferencias con el 9 %, el Partido Verde (PVEM) obtiene 8 %, Movimiento Ciudadano llega a 5 %, Encuentro Social registra 3 % y Nueva Alianza 2 %. Pero el triunfo no lo tiene nadie  asegurado y aún depende, según los expertos, de la organización del PRI. La partida no ha hecho más que empezar.

Sorprende también el resultado que arrojo una encuesta de Consulta Mitofsky: Si hoy fueran las elecciones para presidente de la República, una coalición del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y del Verde Ecologista de México (PVEM) tendría la mayor intención del voto de la ciudadanía. Según el ejercicio aplicado en 1,250 viviendas, el 15 de agosto pasado, 33% de los encuestados se inclinó por esa alianza partidista, seguida por un punto de diferencia, 32% de intención de voto, en favor del Partido Acción Nacional (PAN).

Consulta Mitofsky ubica en tercer lugar a Morena, con 16%, y en cuarto lugar el sol azteca, con apenas 11% de las preferencias en su favor.

Sin embargo, y este dato pudiera ser determinante, 39% de los encuestados, porcentaje mayor a los que expusieron su inclinación, no dio respuesta de su intención de voto para los comicios presidenciales.

Frente al cuestionamiento respecto de qué partido -independientemente de quién le gustaría que ganara la elección- considera que tiene en este momento mayor posibilidad de ganar la Presidencia, el PAN y la alianza PRI-PVEM empataron, con 23%, seguidos de Morena, con 11 por ciento.

Reitero que es interesante ver cómo a pesar de la escasa aprobación presidencial que registra Enrique Peña Nieto y del crecimiento económico de México que ha sido menor al esperado, el PRI sigue conservado bastiones importantes de ciudadanos que votarían por dicho partido, el voto duro del tricolor sigue funcionando. El PAN aparece en el segundo lugar de preferencias y Morena llega al tercero desplazando al PRD.   

La elección presidencial de 2018 aparece muy lejana y muchas cosas pueden pasar todavía. No obstante, a dos años de distancia, si se revisan las distintas encuestas, ya se vislumbran algunos factores que estarán en juego. Primero: es indudable que el PRI tendrá la fuerza del partido, y López Obrador la fuerza del candidato.

Sin embargo el ejercicio del poder, provoca un enorme desgaste. La encuesta de Parametría muestra que el lento declive sufrido en los últimos años por el partido en el gobierno se ha agudizado en poco tiempo. Un deterioro del que los comicios de junio, donde se disputaban 12 gubernaturas, ya dieron aviso. El PRI consideraba repetir las nueve gubernaturas que mantenía, sin embargo al final del recuento se quedó solo con cinco. La inseguridad pública, la falta de alicientes económicos y, sobre todo, los escándalos locales, largamente desatendidos e incluso consentidos fueron factores que incidieron en la derrota del tricolor. El castigo resonó en todo el país y dejó al PRI ante el espejo de sus males.

El vencedor fue el PAN. Para sorpresa de sus propios líderes, ganó siete estados de un jalón. Pero más allá de aumentar su poder territorial, esa noche enterró los complejos que arrastraba desde 2012 y volvió a aparecer como gran actor nacional.

La encuesta confirma que la efervescencia panista aún dura, aunque su futuro no está asegurado. “El PAN se ha beneficiado de los escándalos locales del PRI y vive un boom. Ha obtenido su mejor registro desde 2009, pero no está consolidado, todavía es una burbuja. Su trabajo consiste en convertirla en tendencia”, señala el director de Parametría, Francisco Abundis.

Sin embargo para consolidar su fuerza, el PAN debe decidir quién será su aspirante a la presidencia. Aunque no lo haya hecho público, es un secreto a voces que el líder del partido, Ricardo Anaya, ambiciona la candidatura. Pero, de momento, sólo Margarita Zavala y el poblano Rafael Moreno Valle han confirmado sus deseos de obtener la candidatura blanquiazul. En este contexto Zavala ha advertido que si ella no es la elegida, concurrirá por su cuenta, pero que de cualquier forma estará en la boleta del 2018. Una amenaza que, de materializarse, fracturaría el voto panista.

En el PRI, el fracaso de junio ha puesto en marcha una reacción en cadena. Hubo un cambio en su dirigencia nacional lo que dio lugar a la llegada de Enrique Ochoa Reza quien ha fustigado a los propios priistas advirtiendo que no serán tolerados actos de corrupción de autoridades que hayan sido postuladas por el partido. Al mismo tiempo, el Gobierno federal ha lanzado señales fuertes de que no permitirá ningún caso de corrupción local más. “El desgaste del PRI no se debe al presidente, sino al derrumbe del priismo local. Los casos de corrupción de Veracruz, Quintana Roo y Chihuahua han hecho mucho daño”, señala Abundis.

A esta carrera entre el PRI y el PAN, se ha sumado un contrincante que tiene 15 años en campaña. La figura de López Obrador, aspirante presidencial en 2006 y 2012, lejos de apagarse, se acerca peligrosamente al PRI. Su recién creada organización, el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), obtiene un 21%.

El ascenso de López Obrador tiene como anverso la caída de su antiguo partido, el PRD. Antaño considerada la formación hegemónica de la izquierda, ahora, con sólo un 8% de intención de voto, lucha por mantenerse como cuarto partido y conjurar la aparición de una candidatura independiente que le quite el puesto. Pero en su debilidad radica también su fuerza. Incapaz de presentarse por sí mismo a la contienda presidencial, el PRD busca aliado. Y su respaldo, en un universo de voto tan fragmentado, puede ser determinante para que el candidato del PAN o López Obrador alcancen la presidencia.

Hasta ahora, el izquierdista PRD, en una pirueta muy a la  mexicana, ha sellado las alianzas con el derechista y católico PAN. Unidos por su fervor antipriísta, la combinación ha dado excelentes resultados y ha derribado gobiernos locales que jamás habían tenido otro color. La otra posibilidad, un pacto del PRD con López Obrador, resultaba hasta poco imposible. El caudillo de la izquierda sostenía que no estaba dispuesto mezclarse con ningún integrante de la “mafia del poder”, en la que incluía a su antiguo partido. Pero las cosas han cambiaron inesperadamente la semana pasada, cuando el líder de Morena proclamó que estaba dispuesto a pactar con ellos. Una opción, de la que está alejada la recién renovada dirección del PRD, encabezada por Alejandra Barrales, con la idea de postular al Jefe de Gobierno Miguel Angel Mancera en una coalición con MC, PT y demás “chiquillería”.

 De ahí que, en su momento, los electores mexicanos del 2018 tendrán que considerar las habilidades de quienes para entonces entraran a la competencia final ya sea como candidatos de partidos políticos o como candidatos independientes.

El PRI es el único que auténticamente tiene una presencia nacional salvo en la Ciudad de México. Cuenta con el mayor número de votantes duros que, pase lo que pase, votarán por ese partido, independientemente del candidato que esté en la boleta. Son alrededor de 25% de la población a los que hay que sumar un 5% más de dos partidos que seguramente apoyarán al candidato presidencial priista: el Verde y Nueva Alianza. Rondan, entonces, el 30% de la votación. Nada mal si el 70% restante se divide lo más posible entre los demás candidatos. Ésa es la apuesta del PRI: que el voto anti-priista se fraccione lo más posible para que nadie les pueda ganar. Van a hacer todo lo posible para que así sea.

Decíamos que, rumbo a las elecciones presidenciales de 2018, el PRI tiene la fuerza del partido y AMLO la del candidato. La pregunta es si un tercero puede meterse en esta competencia. No lo veo por el lado de la fuerza partidista: no creo que, de aquí al 2018, de repente un partido rebase al PRI como el partido más grande y organizado a nivel nacional. Sí, en cambio, podría haber un cambio con un tercer candidato que jale votos. ¿Quién?

Las encuestas demuestran que Margarita Zavala podría meterse en la competencia si el PAN la lanzara como su candidata. Es conocida y popular. Le favorece ser mujer y la percepción que es honesta (esto es importante porque la corrupción será uno de los temas centrales de la próxima elección presidencial). El problema para Margarita, uno es que no está en sus manos que el PAN la lance como su candidata, y otro los negativos que le añade su esposo. Enfrente tiene a un dirigente nacional, Ricardo Anaya, que está haciendo todo para aparecer él en las boletas, incluso imitando a AMLO en lo de los spots de radio y televisión.

Margarita es de lejos la candidata preferida del electorado que se identifica como panista. Pero, si la elección es sólo entre militantes y simpatizantes, ahí puede perder, como demuestra una encuesta de marzo de Parametría de sólo militantes del PAN: Anaya y Zavala aparecen empatados.

Si los panistas no eligen a Margarita, ésta puede irse por la vía independiente como ha dicho. El tema es que, mientras más candidatos independientes haya en la boleta, sería más adecuado para el PRI al dividir el voto anti-priista. En Nuevo León mucha gente piensa que su gobernador, Jaime Rodríguez, ya pactó con el presidente Peña: el Bronco se lanzaría como independiente a cambio de que el gobierno federal salve las finanzas del estado, y no le entraría al pacto que está proponiendo Jorge Castañeda: un solo independiente con una sola plataforma. El bronco iría, aunque perdiera, porque el objetivo sería fragmentar la votación lo más que se pueda para hacer ganar a la fuerza del partido.

 

 

*Es Abogado y Analista Político

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