Martes, 13 Octubre 2020 09:23

EL COMENTARIO DE HOY

Escrito por Juan Pérez Audelo.

La semana pasada los oaxaqueños vivimos un infierno de bloqueos, violencia y atentados a los derechos civiles. Una decena de organizaciones y membretes, en abierto desafío al Estado de Derecho, prácticamente sitiaron al estado, con la manida bandera de demandas sociales y libertad a “presos políticos”. Sin embargo, los presuntos no lo son. Se trata de delincuentes del fueron común, algunos de ellos detenidos en flagrancia y no precisamente por sus ideas.

Esta semana no nos fue mejor. El lunes, FPR, API, Sol Rojo y otros, estuvieron en plena faena. Y es que los dirigentes ya están cebados en el chantaje. Saben que sus atropellos o atrocidades jamás tendrán castigo. Son aquellos que cuando llegan a las oficinas públicas, casi les ponen una alfombra. Ante la escasez de recursos del erario, por la contingencia sanitaria que vivimos, han enloquecido. Han vivido alargando la mano. Han medrado de la dádiva oficial. Es obvio que, sin ella, no pueden vivir. Es la voracidad la que los mueve.

Lo comentamos hace dos semanas en este mismo espacio. Organismos y membretes, con una membresía irrisoria, son manejados por titiriteros del chantaje y la manipulación. Son grupos tripulados con aviesos fines políticos, por legisladores o funcionarios. Hay quienes son, a la vez, incendiarios y bomberos. Presumo que las abominables mesas de diálogo ya no cuajan. La inconformidad ya no se desactiva con bolsas de dinero como antaño, pero sí con concesiones, obras públicas y prebendas para los líderes.

Uno de los ejes de esta protesta inmunda es Asunción Nochixtlán. Desde la llamada represión del 19 de junio de 2016, esta población se convirtió en rehén de parásitos y vividores; infierno de transportistas; suplicio para automovilistas y pasajeros y festín de ladrones que, escudados en las organizaciones sociales en las que militan, aprovechan los bloqueos para saquear camiones.

Oaxaca es una entidad única en el tema de la presión social y el chantaje. Insisto: jamás podrá superar el rezago, la pobreza y el atraso, en tanto se sigan permitiendo este tipo de atrocidades ominosas. Es lamentable que la ley siga siendo una caricatura. Porque es eso precisamente, lo que ha hecho crecer esta casta abominable de vividores y parásitos sociales.

Entiendo que afirmar que sólo el espíritu de la ley habrá de devolver a la ciudadanía la confianza en las instituciones de justicia, es predicar en el desierto. Entiendo también que gobernar acotado con más de 350 organizaciones y membretes alargando la mano o golpeando, no es tarea fácil. Pero vale la pena intentar romper ese círculo vicioso, con políticas públicas que no permitan más intermediarios para recibir recursos ni más falsos redentores sociales con garrote. (JPA)

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